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MOCO-MOCO
Por Maritza Salomé
Izquierdo Jiménez
El pequeño Samuel estaba en su cuarto
cuando entró el enorme cocodrilo con su boca llena de dientes afilados.
Se comió la pelota, el osito, la rana, los pececitos, el gato y el
perro. Miró entonces para la cuna y vio al niño con los ojos color del
tiempo, llenos de susto. El cocodrilo se acercó y abrió la bocaza para
comerse a Samuel que haciendo pucheros, suspiro.
Fue en ese momento que en la pequeña nariz
del niño se inflo el globo. Al ver esto el intruso comilón, retrocedió
de un salto, preguntando:
— ¿Qué cosa es eso?
—Yo… tendo tatarro —dijo Samuel que apenas
aprendía a hablar.
—Entonces ¿eso es…? —dijo asqueado el
cocodrilo— Moco, ¡moco! y Salió corriendo con sus patas cortas por donde
mismo había venido.
Mientras Samuelito con su globo inflado se
reía pensando.
—¡Qué bueno te-tendo catarro!
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