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Asalto al carro celular

Por Lázaro David Najarro Pujol

El 31 de diciembre de 1957, un grupo de revolucionarios de la lucha clandestina sostiene un combate, en la ciudad Camagüey, con fuerzas de la dictadura del general Fulgencio Batista. En la acción mueren Rodolfo Ramírez Esquivel y Domingo López Loyola, mientras que Pedro Lester y Alfredo Sarduy caen prisioneros.

Planifican una fuga, pero las condiciones no estaban creadas. No obstante, Rolando Marrero, sale de la cárcel y transmite a la dirección del movimiento 26 de julio de la provincia la alternativa de liberar a los encausados. Se estudian todas las posibilidades.

En ocho meses y dieciséis días de cautiverio ambos revolucionarios no reciben visitas en la prisión. Después de ese tiempo le permiten a la mamá de Pedro Lester encontrarse con su hijo. Esa fue la oportunidad para convenir una contraseña de la operación de rescate.

— Mamá, ¿cómo están las cosas allá afuera? ¿Has hablado con Noel Fernández? ¿Qué respuesta tienen de mi petición?

La mujer se preocupa.

— Mi hijo, ustedes deben tener cuidado.

— Sí mamá, no hay problema, pero qué dice Noel.

— Dice Noel, que pronto hablará contigo. Y que la gallina está echada.

El juicio a Pedro Lester y a Alfredo Sarduy está previsto para el 16 de septiembre de 1958. La orden de aplicar la ley de fuga a los prisioneros estaba dada. Pero un reducido grupo de revolucionarios estudia el rescate.

Llegan el día convenido.

Unos guardias rondan las casas prostíbulos de las calles de Francisquito y Rosario. Cualquier vacilación pone en peligro la vida de los seis revolucionarios encargados de la operación y de los propios prisioneros.

Al oeste, de la zona seleccionada para la operación, esta ubicada la estación de policías de la calle Avellaneda y al este, la cárcel de Francisquito.

A una y treinta de la tarde, el carro celular —conducido por el cavo Reyes Peña— se pone en marcha. Viajan diez reclusos. Sarduy está detrás del sargento sólo separado por la división del vehículo. De los presos sólo Lester y Sarduey conocen del plan.

En la esquina de la calle Rosario —a unos 200 metros de la prisión— Marrero espera decidido.

Noel Fernández, observa que se acerca el carro celular y le hace señas a Ollet para que ponga en marcha el automóvil. Intercepta el vehículo.

Noel y Marrero avanzan hacia el carro celular. Encañonan al chofer y al custodio. El jefe del comando le ordena al cavo.

— ¡Dame las llaves!

El chofer queda anonadado, pero...

— ¡ Ah! ¡Mira, Sargento! ¡Éste está loco!

El sargento baja la tablilla y hace un ademan para extraer el arma. Marrero se percata de ello y le advierte.

— No trates de sacar la pistola.

Se escuchan dos disparos. El chofer y el sargento quedan muertos.

Un combatiente revolucionario se pone nervioso y dispara hacia el carro celular.

El proyectil alcanza a Rolando Marrero. Al sentir el impacto de la bala gira el cuerpo. A unos metros de él un guarda jurado.

— ¿Será este cabrón el que me disparó?

Marrero avanza hacia el hombre con la pistola en la mano. Se desploma una, dos y tres veces. Ollet continua disparando nervioso.

Noel Fernández abre la puerta. Todos los presos salen del interior del carro celular, con la excepción de Jorge Aguirrez que está inerte en el interior del vehículo. También Pedro Lester está herido.

Marrero se incorpora y apunta con la pistola al guarda jurado.

El hombre levanta las manos.

"— Este es inocente".

Los seis presos montan en el automóvil. Nadie se da cuenta que Marrero queda herido.

El automóvil, donde viajan los rescatados, se detiene cerca de la fábrica de refresco y jugo de piña. Dos integrantes del comando se quedan en la zona. En el interior del auto permanecen entre otros Noel Fernández, Pedro Lester, Badito Saquer, y Alfredo Sarduy. Luego, Noel, y los evadidos montan en un auto Ford que los estaba esperando. Llegan a la plaza de San Francisco. Se percatan de la presencia de la motorizada. Retornan a la carretera central. Se aproximan a la calle 20 de Mayo y se encuentran nuevamente con la policía. Deciden continuar por la calle Desengaño.

Un carro fúnebre interrumpe el paso. El conductor del vehículo se encuentra en el interior de la funeraria. Los revolucionarios detienen el auto muy cerca de un esbirro de la dictadura.

Ante la adversa situación, Noel Fernández se dirige al esbirro de la dictadura.

— ¡Oiga, hágame el favor! Dile al chofer del carro fúnebre que lo aparte de ahí.

— No, el chofer está por allá adentro.

Noel Fernández piensa para sí: "si este cabrón se da cuenta quiénes somos tendremos que eliminarlo.

El jefe del comando le ordena a Lester que le entregue la pistola a Sarduy.

— No es necesario. Ya la pistola está preparada.

Se observa el ir y venir de autos patrulleros*. Los revolucionarios logran evadir a la Policía y al Ejército. Los soldados, desesperados, registran las viviendas y toda la ciudad.

En esta sección...
Serie: Tiro de Gracia
Capítulo: Presentimientos
Capítulo: "La columna"

Capítulo: "Los heridos"

Capítulo: "fusilamiento"
Serie: Asalto al carro celular
Serie: Guerrilleros

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¡Liberen a nuestros Cinco compatriotas Prisioneros del Imperio!

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