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Lázaro David Najarro:
Recibí tu carta y tu libro "Tiro de Gracia". El mismo día que lo
recibí lo leí prácticamente de un tirón.
Todo lo que es historia de Cuba tiene siempre para mí interés
especial y tu libro me hizo conocer importantes y heroicos hechos de
nuestra lucha definitiva contra la dictadura batistiana.
El testimonio que narras, de forma brillante, nos acerca a la
acción del pueblo camagüeyano en aquella gesta y la actitud
patriótica de algunos de sus héroes y mártires. Nos demuestra lo
justo que fue nuestra lucha en todos los sentidos y el valor de
nuestros jóvenes combatientes, que en su momento supieron demostrar
que MORIR POR LA PATRIA ES VIVIR.
Sobre ese ejemplo es que hoy se yergue una REVOLUCIÓN SOCIALISTA
invencible e irrevocable y es muy importante dar a conocer el
heroísmo y el valor de aquellos que hicieron posible la victoria 1ro
de enero que cumple gloriosamente sus 45 años.
Como sé que tu carta trae el sentir de todos los trabajadores de
la Radio Provincial de Camagüey y me atrevo a decir que el sentir de
todo el pueblo camagüeyano, quiero a nombre de los cinco darles un
saludo y un fuerte abrazo revolucionario y reafirmarles que aquí
estaremos firmes y seguros de la victoria, que estaremos siempre a
la altura de nuestro heroico pueblo y con la disposición cada día de
decirles a Fidel: Como sea, donde sea y para lo que sea Comandante
en Jefe ¡Ordene¡.
Un fuerte abrazo de tu hermano
Antonio Guerrero Rodríguez.
(Nota: Yo recibí copia de tu entrevista a Alicia Molinari, me
emocionó mucho y a ella le estoy escribiendo, así como a Eladio, (Toto)
e Irene del Museo del Che en Buenos Aires, Argentina.
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¡Presentes¡
Me escapo este día de noviembre
hacia los apartados años de mi infancia.
Éramos más que niños, unos pioneros,
cultivándole flores a la patria.
Se no hencía de alegría el alma,
se inflamaba la sangre, cuando
cantábamos el Himno Nacional
y frente al Apóstol, veíamose izarse
la bandera de la estrella soberana.
Y cada veintisiete de noviembre al escuchar los nombres de los
ocho estudiantes,
vilmente, injustamente fusilados:
Alfonso Álvarez de la Campa
Anacleto Bermúdez
José Marcos Medina
Ángel Laborde
Pascual Rodríguez
Augusto de la Torre
Eladio González
Carlos Verdugo
en una voz gritábamos: ¡PRESENTES¡
Y esta mañana de noviembre,
éramos más que hombres, unos soldatos
de una causa vital para la patria
para la humanidad, para la vida.
¡Qué coincidencia¡,
un vientisiete de noviembre
se ha dado inicio a una nueva injusticia:
nuestro amañado juicio.
En las celdas de espera,
en la sala de aquel tribunal,
en nosotros, aquellos estudiantes
vilmente, injustamente fusilados,
estuvieron: ¡PRESENTES¡
Habiamos esperado dos años y quince días para que se iniciara el
"juicio". Una espera marcada por 17 meses de "huecos": una agotadora
y deficiente preparación por las trabas impuestas por el gobierno
para el acceso a las evidencias; el rechazo a todas las mociones
presentadas por la defensa, entre ellas, una vital, el cambio de
sede a otra ciudad que no fuera Miami. Coincidía esta fecha con la
del abominable fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina en
1871. Desde tempranas horas de la madrugada en que se inició nuestro
traslado a la Corte recordamos esta fecha y tuvimos presente a estos
ocho mártires de la patria. |