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El Perro Amarillo
(Cuento)
Por Fernando Rafael Ferrá
Pérez
Fotos: Lázaro David Najarro
Pujol y archivo Juventud Rebelde
Sábado 10 de diciembre de
1958.
Sentado
en un banco de la Virgen del Camino, en La Habana, en una mañana típica de
invierno, algunos devotos ofrenden flores a la santa. Un vendedor de
periódico interrumpe la aparente tranquilidad.
--¡La marina, El Crisol,
Avance, el País! ¡Veneno de alacrán les hace daño a los
leones! ¡Jonrón de Roberto Ortiz y buen trabajo del zurdo Agapito Mayor
derrotan a La Habana una carreras por cero!
Le compro un ejemplar del
País, busco la página deportiva y me entero de lo que no dijo el
periodiquero.
¡El
Guajiro del Laberinto, Conrado Marrero, con un relevo de altos quilates, en
el noveno innings, bases llenas sin outs dio escones de ponches
consolidándose la victoria azul.
De repente un Perro
Amarillo pasa frente a mí saludándome:
--¡Buenos días! ¿Hablando
solo?
--¡Buenos días!
--No, estoy pensando en voz
alta.
Este continúa su trayecto…
Miro a mí alrededor pero no veo ningún ventrílocuo… Al poco rato regresa,
preguntándome.
--¿Tiene usted planificado
algo en estos días?
--Sí, pienso viajar a la
Isla de Pino.
--¿Qué transporte
utilizarás?
--Un patico, de la aerovía
Q’.
--Cancele el viaje y espere
2 días más.
--¡Imposible, cae martes
13!
--¡Hágame caso!
Se aleja dejándome
pensativo. Al día siguiente me entero, que el avión con destino a la Isla
había caído al mar.
El martes 13, efectuó mi
viaje. Mis familiares me recibieron con gran regocijo debido al tiempo sin
vernos.
En una de mis salidas, al
regresar del Presidio Modelo, lugar donde trabajan como escoltas, mi abuelo y
tíos maternos, me dirijo al Parque de las cotorras. De nuevo una sorpresa, me
encuentro al dichoso Perro Amarillo que al verme me pregunta:
--¿Amigo, cómo le fue el
viaje?
--Maravilloso, gracias a su
consejo.
--¿Vino con mucho tiempo?
--Si, una semana tal vez…
--A su regreso trate de ir
al zoológico. A la entrada se va a encontrar con un billetero anunciando el
00585. Compre solamente una hoja. ¿Me entendió?
--¡Claro, lo entendí!
Lo primero que hice al
regresar fue ir al zoológico… Allí estaba el billetero… le compro lo
orientado. Como caso curioso ese fue el Premio Gordo, equivalente a 10 000
pesos la hoja…
Por
la mañana al levantarme, me pongo a buscar el dinero… No encuentro nada. Voy
hacia el espejo y una sonrisa se dibuja en mi rostro. Además se me escapa
una frase: “Soñar no cuesta nada, aunque después se tenga un desengaño”. De
pronto siento una algarabía… Abro la ventana. Me asomo el balcón y observo
una cantidad de autos sonando el claxon, seguido de una muchedumbre que
gritaba eufóricamente:
--¡Se cayó Batista!
--¡El tirano huyó!
--¡Viva la Revolución ¡Viva
Fidel!
Entonces emocionados exclamo:
--¡Carajo! ¡Ahora si el
pueblo de Cuba cogió el Premio Mayor! |