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Las
religiones populares: una expresión de la cultura afro-cubana
Por Lázaro David Najarro Pujol
Según afirman diversos estudiosos, un
alto por ciento de la población cubana profesa alguna creencia
religiosa, fundamentalmente de la religión popular, aunque la mayoría de
estas personas no tiene afiliación directa con esas organizaciones.
La
santería forma parte del patrimonio cultural del pueblo de la isla
caribeña y está presente en distintas formas de expresión estética y
literaria. Fue introducida en la nación por los Yoruba y se mezclan las
religiones cristianas con el espiritismo y con religiones africanas.
Aparece como el resultado cubano de la integración y continuidad
cultural de elementos étnicos y religiosos de los participantes
africanos y españoles. Sobreviven cultos a los orichas o divinidades de
origen africano, principalmente yoruba, bajo el culto a las imágenes de
santos católicos.
El
estudioso de la etnografía, Rafael López Valdés, considera que “la
formación del etnos cubano implicó un proceso de siglos en el que
intervinieron dos grandes raigambres, una hispánica y la otra africana.
Al tiempo de la llegada de los europeos y del inicio del tráfico de
esclavos con destino a Cuba, cada una de estas grandes raigambres
representaba, de hecho, un conglomerado étnico”.
Desde el siglo XVI y hasta bien avanzado
el siglo XIX, millones de seres humanos fueron arrastrados de África y
traídos al Nuevo Mundo y con ellos llegaron a la Isla: mitos, leyendas,
tradiciones, cantos, bailes, recetas y rituales. Pero también la cultura
dominante imponía a los esclavos el culto a la religión oficial
católica, que no prosperó y como dijera Arango y Parreño, “vienen negros
infieles e infieles se mueren muchos”.
Nunca
se conocerá exactamente la cifra de africanos traídos a Cuba durante
casi cuatro siglos de esclavitud colonial, desde toda África Occidental
y también de África Oriental, tanto de las comunidades con costas como
de la profundidad del continente.
La identificación étnica de los esclavos
es sumamente compleja y está presente en la formación del pueblo y la
cultura actual cubana.
Para María Teresa Linares, directora del
Museo Nacional de Música de Cuba "el auge de los numerosos cabildos
permitidos por las autoridades coloniales coincide con la consolidación
de la nacionalidad cubana, y los datos referenciales recogidos en la
bibliografía histórica permite conocer los múltiples grupos prevenientes
de tres grandes conglomerados africanos que concurrieron en nuestra
nación: los yorubas, los dahomeyanos, los bantús.
Mientras
que Rafael López Valdés considera que “la esfera religiosa ha sido,
entre las formas de conciencia social, la que ha conservado en mayor las
influencias africanas. Se trata de distintas religiones de origen
africana, conservadas en Cuba, que fueron objetos de discriminación y
aún de persecuciones en el pasado por parte de las antiguas clases
dominantes, y que hoy día, en contraposición, disfrutan de la libertad
de culto que garantiza la Revolución.”
En Cuba los africanos introdujeron una
forma de organización religiosa, la Sociedad Secreta Abakúa, (se
desarrolló junto al puerto y los muelles, particularmente en los de La
Habana, Matanzas y Cárdenas, en la costa norte de la zona occidental del
país e integrada solamente por hombres) la única existente en América,
que constituye un fenómeno común en África Occidental, y también Las
firmas de los santos en el Palo Monte o Regla Conga, un culto religioso
de origen Bantu practicado en la Isla.
Entre
los Abakúa, se rigen una serie de características organizativas y están
formados por pequeños grupos llamados juegos o potencias. Se profesa la
solidaridad entre los hermanos de cada juego, los ekobios, y también la
rivalidad entre distintos juegos que han conducido a hechos de sangre.
Para el Abakúa o ñañigo el sentido del honor se manifiesta en torno a la
hombría.
Era una sociedad de ayuda mutua, primero
en los antiguos cabildos de nación, entre los esclavos, luego con la
participación de negros criollos y más tarde de mulatos, blancos y hasta
chinos. Para ejecutar sus ceremonias se comunicaban a través de cantos y
parlas (enkames).
Las firmas de los santos en el Palo Monte
abarca diversas liturgias: mayombe, a los que pertenecen los que cogen
los muertos; la kimbisa o embisa, que elabora los brebajes destinados a
las curas de enfermedades; el Kinfuiti, que tiene la función de “llorar
a los muertos” y la briyumba, que lo abarca todo.
Después de abolida la esclavitud,
principalmente en la republica neocolonial, en las capas más humildes
del pueblo cubano se profesaba el culto a los orishas o santos. De igual
forma los españoles de boina y alpargata se fueron incorporando a esta
religión, con el objetivo de obtener respuestas a sus problemas en
aquella sociedad que se les presentaba hostil.
Asimismo, las clases más pudientes de la
sociedad acudían a santeros y babalawos en busca de “amarres”,
“despojos” y “bilongos”.
Generalmente, otrora, a inicios de la
zafra azucarera, se organizaban ceremonias propiciatorias, entre toques
solemnes de tambor batá, que culminaban con el sacrificio de animales
lanzados a las mazas de aceros de los molinos de los ingenios.
La santería incluye distintos niveles de
iniciación y de categorías sacerdotales. Entre las más conocidas está la
de babaloshas e iyaloshas, conocidas en la Isla como de santeros y de
santeras. Un sitial importante ocupan la de awuses o babalawos, una
palabra Yoruba que proviene etimológicamente de baba (“padre”) y awó
(“secreto”).
Diversas categorías intermedias se
practican en Cuba que requieren de un conocimiento incalculable y un
talento artístico para su culto, como los alú batá o tamboleros,
responsabilizados con la interpretación de la música ritual de los
orishas; se utilizan para la ceremonia tres tambores batá: el iyá, el
mayor, el itótele, y el tercero, más pequeño, el okónkolo.
Los ilé-ocha de santerías son los
llamados toque de santo, en cuyas ceremonias puedan haber distintas
funciones: de iniciación, de presentación al tambor, de cumpleaños, de
funeral o del día del santo católico, así como las fiestas para
"divertirse" con los santos que son los toques de güiro (abwe o cekeré)
Ningún santero puede iniciarse si no está bautizado en la iglesia
católica, aunque en su vida de santero se acogerá a la Regla de Ocha.
Todos los 8 de septiembre en el
ultramarino pueblo de Regla, en La Habana, se se realizan ceremonias
para rendirle tributo a la Virgen de Regla por todos los hijos de Yemayá.
Otras de las celebraciones en Cuba son la de Santa Bárbara, el 4 de
diciembre y la de Babalú-ayé (San Lázaro),el 17 de diciembre.
El rey Changó yoruba, dueño del rayo,
está representado con el hacha y la espada guerrera y la Santa Bárbara
católica, guerrera también, representada con una corona de reina y una
espada en la mano, a quién se invoca cuando truena.
Como parte de lo que se denominó la
cultura Yoruba se asentó una religión conocida popularmente con el
nombre de Regla de Ocha o santería, asumido a partir del culto a los
santos, orishas, o deidades africanas identificados a otros santos de la
religión católica.
El proceso de iniciación de los Yoruba se
prolonga por un largo período que dura varios años, tiempo en que el
neófito debe dominar todo el ritual: memorizar oraciones, cantos e
historias relativas a los signos adivinatorios, mientras que el culto de
Ifá esta asociado a Orula, Orúmila o Ifá.
En Cuba se manifiestan, entre los
babalawos, tres grandes categorías de iniciación: la consagración
primaria, la de “recibir cuchillo” (guanaddó) —donde el neófito queda
capacitado para realizar sacrificios de animales de cuatro patas:
chivos, carneros, cerdos y hasta jicoteas— y la tercera y gran categoría
de babalawos está compuesta por aquellos que han recibido a Olofin en
virtud de ceremonias especiales.
De igual forma en los Yoruba existe tres
niveles de sacerdotes de Ifá: el Olori, el Orisha y el Awon ti a te ni
Ifá. La primera rinde culto, sin ejercer la adivinación; la siguiente,
además del culto, realiza prácticas geománticas y la tercera, tiene la
facultad de comer de cualquier sacrificio.
Apunta el investigador Rafael López
Valdés que “la posesión de Olofin es de suma importancia en el culto en
Cuba, pues sin Olofin no se puede efectuar ninguna iniciación de
babalawos: el cofre que contiene los atributos sacros que representan en
conjunto a esta deidad, debe encontrarse en el recinto donde tienen
lugar los ritos de paso, todo el tiempo que duren éstos, que es
habitualmente siete días”.
“Todo parece indicar que la
representación de Olofin y su papel en el culto lucumí de Cuba es fruto
del sincretismo afro-católico; por cuanto esta deidad carece de
representación y de función alguna entre los Yoruba de África. Olofin es
el equivalente al Dios de los católicos en las creencias de origen
Yoruba de Cuba, y disfrutó de una relevancia, en ciertos cultos de mayor
solemnidad, que nunca tuvo entre los Yoruba de África. Aunque en el
catolicismo no se rinde culto especial a Dios, ciertos objetos del
ritual, como el sacrificio que sirve de representación del hijo de Dios
(...), se encuentran siempre presentes en el ceremonial, con frecuencia
en lugar destacado, lo cual puede haber contribuido a inducir esta forma
de sincretismo”.
Son tan complejos todos estos rituales,
que por ejemplo entre los babalawos se pueden encontrar más de 600
historias por cada uno de los 256 odu o signos adivinatorios, llamado
hábeas literario-adivinatorio de Ifá, que de forma poética se transmite
oralmente de unas a otras generaciones, aunque no ha dejado tampoco de
sufrir algunas modificaciones.
Y en estas religiones de origen africana
se utiliza cierto lenguaje esotérico como el ideal para la comunicación
con las fuerzas sobrenaturales que a a veces se reduce con fórmulas o
palabras que para ellos están dotadas de poderes mágicos. En la santería
es el culto en que se ha conservado con mayor coherencia la lengua
Yoruba como lenguaje ritual. En Cuba, algunas de esas palabras se pueden
escuchar en la vida cotidiana.
En las religiones de origen africana se
narran mitos como el de los gemelos. El estudioso de la etnografía,
Rafael López Valdés, enfatiza que "en los mitos de los gemelos entre
distintos pueblos se pone de manifiesto esta paternidad dual, de lo cual
resultan en muchos casos que uno de los gemelos es inmortal mientras que
el otro no lo es, así como resaltan diferencias sustanciales de carácter
de cada uno de los gemelos divinos.
Instituciones culturales Cubanas
organizan importantes eventos vinculados con las religiones populares.
En la Villa de La Asunción de Guanabacoa, en La Habana, se realiza todos
los años —siempre en la última semana de noviembre— el Festival
Internacional de Raíces Africanas Wemilares, palabra que significa
fiesta profana dedicado a los orishas (dioses) o reunión de todos ellos.
En la Octava Conferencia Internacional de
Cultura Africana y Afroamericana, que se realizó en el mes de abril de
2004 en Santiago de Cuba —en el oriente del país—, prestigiosos
investigadores, expusieron pasajes históricos de la identidad africana,
en el que se mezclaron las artes plástica, la danza y el cine.
Se inauguró una exposición de pintura de
varios artistas y se presentó una veintena de piezas en acrílico que
muestran tendencias religiosas africanas vigentes en la Isla como: La
Abakuá, Vodú y Yoruba, entre otras.
Aunque en una etapa la afiliación a las
religiones populares en la Mayor de las Antillas estaba sustentada por
razones de base social por nativos descendientes de africanos; ya desde
el siglo XIX estas creencias y prácticas religiosas son compartidas con
personas de diversa pigmentación racial en correspondencia con la propia
diversidad del pueblo cubano. Por ello un viejo proverbio que dice que
en Cuba el que no tiene de congo tiene de karabalí.
El sabio cubano Fernando Ortiz tiene la
convicción de que “esta transculturación originó también una
sincretización religiosa entre creencias que resultaron, a la larga,
espectacularmente parecidas entre sí como confirmando que el mundo es
uno solo y una sola la concepción humana que debiera regirlo”.
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