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Un Hombre que Habla con el
Corazón
Por Lázaro David Najarro Pujol
Yo tengo un amigo que siempre está en el mar, en ese mar que para
algunos constituye una tenebrosa alma desierta. Pero para él es como
parte de su corazón. El sonido de las olas le penetra por todo el
cuerpo. Mi amigo, aunque ahora esté frente a mí, NO podrá escuchar estas
palabras. Cuando nació, la naturaleza lo confinó al mundo del silencio.
Mi amigo no habla, ni puede escucharme, ni sabe escribir, ni contar,
pero a través del movimiento de los labios o de una expresión del rostro
de otra persona recibe el mensaje.
Alfonso Insula NO se siente subestimado por sus limitaciones
auditivas. Desde muy pequeño se ha consagrado al fascinante y a la vez
misterioso universo marino, del que guarda su secreto.
Es un hombre feliz que siempre está sonriendo, incluso cuando en
épocas invernales penetra en las frías aguas de Los Jardines de la
Reina, a manipular un tranque en el que atrapan a miles de peces de
distintos tamaños y colores.
Alfonso recibe el sonido de la música y del mar mediante las células
de su ya cincuentenario cuerpo, por eso es un excelente bailador y puede
además percibir de inmediato la proximidad de un tiburón o una picúa.
Tiene el orgullo de formar parte de una de las tripulaciones más
productoras de machuelo de Los Jardines de la Reina y ve en su escamero
108 su segundo hogar.
Cuando sus compañeros comienzan a hacer un recuento de los resultados
de su labor, mi amigo Alfonso también siente el deseo de expresar sus
sentimientos. NO puede hablar, por él habla su corazón o el patrón
Roberto Insula que le agradece mucho lo que le ha enseñado sobre los
misterios del mar y de la pesquería.
MI amigo Alfonso NO podrá hablar, ni escuchar estas palabras, ni
contar, NO podrá escribir, pero la naturaleza lo dotó de una
inteligencia incalculable, capaz de interpretar los mensajes de las
estrellas y de la luna, cuyas luces pintan las nubes y alegran las olas.
A Alfonso Insula la naturaleza lo dotó de condiciones físicas
excepcionales que le facilitan permanecer durante algunos minutos bajo
el agua, sin respirar, e interpretar el extraordinario, profundo, oscuro
y misterioso mundo marino de los que este amigo mío forma parte. |