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Necrópolis de la barriada de Reina: verdadero
tesoro del arte estatuario en bajo relieve
Texto y
fotos: Lázaro David Najarro Pujol
Pocos estamos
exentos de recibir una sensación de recelo al internarnos en un cementerio,
sin embargo esa no fue la reacción que suscité cuando visité la necrópolis
de la barriada de Reina, en la sureña ciudad cubana de
Cienfuegos,
frente al mar Caribe.
No se puede evitar sentir
cierto abatimiento en el instante en que Miguel Aragón, vecino de la
comarca, u otro guía conocedor, lo conduce al panteón de La Bella Durmiente,
erigido a la joven María Josefa Álvarez Miró, fallecida el 16 de julio de
1907, a la edad de 24 años, en la flor de su vida.
La madre de la joven
encargó a un artesano (se dice que está hecha por un escultor italiano), que
en honor a su hija erigiera la figura de una doncella, no muerta sino
envuelta en un eterno sueño.
La imagen precisamente
representa una bella joven dulcemente dormida, recostada a una cruz, con un
ramo de amapolas en su mano derecha, como símbolo de la vida, que descansa
en su regazo, mientras con su mano derecha aplasta suavemente una serpiente,
como alusión a la muerte.
Muy semejante a la Bella
Durmiente cienfueguera se esculpió
otra en un cementerio de Italia, firmada por Sacomanno, mientras que el
autor de la doncella de la ínsula caribeña es anónimo. El fallecimiento de
la muchacha esta ceñido en un
misterio.
La imagen de la Bella
Durmiente esculpida en mármol blanco no es la única que deja absorto al
visitante. Todo aquel Conjunto arquitectónico fúnebre es digno de reconocer.
Las lápidas
de los nichos del cementerio de Reina son verdaderos tesoros del arte
estatuario en bajo relieve,
testimonios históricos de los años precedentes.
En fin cada una de las piezas de esa maravilla de la arquitectura tiene un
gran valor histórico y artístico, especialmente las esculturas de mármol,
las imponentes rejas de hierro de los exteriores del camposanto que
demuestran el alto nivel creativo de los artesanos que las diseñaron
hace más de 150 años.
La construcción de esa
necrópolis, de marcada filiación neoclásica, se remonta al año 1836 durante
el mando del Señor Coronel Don Narciso Arascot y terminado en el gobierno de
Tolrá ,el 21 de junio de 1839, por el Padre Antonio Loreto Sánchez y Romero,
primer cura de almas de la también conocida Perla del Sur.
La obra la conforman entre
muchas otras piezas, la capilla edificada por Nicolás Jacinto Acea en 1860 y
reedificada en 1886 por su sobrino Nicolás Salvador Acea. Las labores
continuaron en 1904. Presenta 4 columnas, techo de azotea con cornisa, el
frontón de cornisa ligeramente...
En el año 1943 es colocada
una tarja en el extremo izquierdo de la fachada del Cementerio a la memoria
de los patriotas fusilados en Cienfuegos en las Guerras Libertadoras,
especialmente en la del 1868.
En el sitio está sepultado
también, Don Agustín de Santa Cruz, quien donó las primeras tierras donde se
asentó la ciudad. La lápida muestra la fecha de 1841.
La bellaza y ostentación de
todo ese conjunto arquitectónico realizado en bajorrelieve solo tiene una
razón: la competencia entre las personas adineradas para erigir un sitio
sobresaliente en su última morada, mientras que los nichos estaban
destinados a aquellas familias que no tenían recursos y que resultaban más
baratos que la costosa construcción de un panteón. En la tierra eran cavadas
las tumbas en las que se depositaban los difuntos cuyas familias no contaban
con los recursos, para alquiler un nicho.
El
cementerio en su totalidad es una muestra de los valores artísticos que le
impregnaron los artesanos estatuarios de Cienfuegos, aunque no todos poseen los mismos
atributos. Aquellos creadores, oriundos de la propia comarca, modelaron con
gran belleza los materiales: pizarra, hierro fundido y mármol para lograr
una obra funeraria de alta calidad. Es copia del camposanto Espada,
construido alrededor de 1805 en La Habana y del que se conservan muy pocos
vestigios.
El patio
interior está flanqueado por paredes con tres hileras de nichos cada una y
el modo de enterramiento responde a la época colonial cubana del siglo XIX.
Los monumentos se distinguen por su acabado a tal magnitud que los
especialistas plantean que están entre los más sobresalientes del mundo
junto con los cementerios italianos de su tipo.
El Cementerio de Reina fue
declarado Monumento Nacional el 30 de enero de 1990 por la Comisión Nacional
de Monumentos. La forma de enterramiento en paredes de nichos es la única
que se conserva en Cuba de la época colonial, tras suprimirse los
enterramientos en los templos.
Lamentablemente como
consecuencia del
paso del
tiempo y la falta de mantenimiento los panteones y nichos de ese tesoro
arquitectónico están afectados seriamente y en peligro de desaparecer.

Fuente:
http://www.hicuba.com/articulos/cementerio-reina.htm
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