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Columna
12 “Simón Bolívar”:
Ataque a Manatí
(Tomado
del libro en preparación Botello)
Por: Juan Bruno Zamora Rodríguez y
Lázaro David Najarro Pujol
La
columna 12 “Simón Bolívar” tenía un pelotón operando en la región Bartle
y Manatí bajo el mando del teniente José Santiago Ercilla, quien visitó,
a finales de noviembre al capitán José Botello en su zona de operaciones
en Camalote con el objetivo de intercambiar experiencias y proponerle
realizar operaciones conjuntas, entre ellas el ataque al cuartel de
Manatí, término municipal de Las Tunas, pues Botello contaba con hombres
más experimentados y mejores armados por lo que planificaron el ataque
al cuartel del Central Manatí.
Ambos jefes se reunieron en la
Colonia “La Victoria” donde se ultimaron detalles. En el encuentro
participarían unos 80 efectivos (60 del grupo de Botello y 20 del grupo
Ercilla)
El ataque se realizaría como
sigue:
Botello con una escuadra ocuparía la estación del
ferrocarril con la misión de tomar por sorpresa un jeep que entraba
todas las mañanas a la Panadería.
El teniente Ercilla, con 20
hombres, ocuparía posición frente al cuartel, con la misión de no
permitir la entrada a ese enclave militar de los soldados que estaban
fuera.
El teniente Wiquel Aleaga
ocuparía posición detrás del cuartel con la responsabilidad de hacer
fuego a corta distancia contra la instalación.
Francisco Amores, con una
escuadra, realizaría una emboscada en el camino del puerto con la misión
de no permitir que por esa vía de acceso entrara o saliera el enemigo.
Paulino Hernández, con unos 20
hombres y una mina de 30 libras, ocuparía posición en la sabana con el
propósito de rechazar cualquier intento de penetración de refuerzo
enemigo.
Manolo Vázquez y Giraldo, con una
escuadra, ocuparían el hospital, con el objetivo de atender a los
heridos en combate.
El Curro Benito, con una
escuadra, tomaría la pista de aviación y de esta forma impedir el
aterrizaje de aviones enemigos.
Con estos preparativos se decidió
realizar el ataque. Todo estaba dispuesto. El plan era perfecto, sólo
dependía de la efectividad de su puesta en práctica. Los combatientes
estaban motivados.
El 29 de Noviembre de 1958 a las
5 de la mañana comenzaron los combatientes a ocupar las posiciones; se
había logrado la primera parte del plan. En absoluto silencio se esperó
la llegada del jeep del ejército. Era objetivo, una vez hecho prisionero
a los soldados aprovechando el factor sorpresa, comenzar el ataque en
todos los puntos, adoptando las mediadas para que los encuentros se
llevaran a cabo fuera del cuartel, pues las armas de los atacantes eran
deficientes y el parque limitado.
A la hora prevista, a las seis de
la mañana, salió del cuartel el jeep con cuatro soldados. Botello daría
la señal con el fuego de su ametralladora, pero antes de que la patrulla
llegara a la posición de José Botello, al parecer un compañero de otro
grupo realizó un disparo al jeep antes de tiempo y se perdió el factor
sorpresa. Los soldados contraatacaron. El jeep dobló en U y a toda
marcha sus ocupantes lograron entrar de nuevo al cuartel. El combate se
generalizó. Algunos soldados heridos, penetraron al cuartel y se
parapetaron en las aspilleras de la edificación. En esa posición
ventajosa comenzaron a disparar con las ametralladoras y otras armas. El
fuego era intenso. Durante todo el día los soldados del ejército
realizaron una feroz resistencia tratando de desalojar del pueblo a los
atacantes. Botello ordenó a 3 combatientes que portaban Springfield a
continuar un fuego de hostigamiento contra todo movimiento del enemigo.
La aviación comenzó a sobrevolar
y a ametrallar indiscriminadamente los alrededores del cuartel y el
poblado; por la tarde se produjo, espontáneamente, una tregua, entonces
Botello convenció a la esposa del jefe del cuartel para proponerle la
rendición incondicional.
Minutos después la mujer regresó
con la respuesta: no aceptaban la rendición a pesar de que los guardias
tenían algunos heridos. El militar estaba convencido de que de un
momento a otro entraría al pueblo el refuerzo de Las Tunas.
Una avioneta había volado durante
todo el día limitando el movimiento de los rebeldes. Había que actuar
con mayor efectividad por lo que al anochecer se envió una máquina
diesel por la línea férrea hacia el cuartel y por el frente atacaba un
pelotón con las mejores armas. El enemigo rechazó la ofensiva rebelde
con un intenso fuego hacia las 2 direcciones de ataque. A los
revolucionarios, con un armamento inferior y muy pocos cartuchos, se les
hacía imposible diezmar al cuartel.
Sobre las once de la noche
Botello decidió retirar el pelotón. Solo dos o tres combatientes
continuaron en puntos claves para continuar el fuego de hostigamiento
con el propósito de rendirlos por hambre y falta de municiones.
El día 30 se reforzó las
posiciones rebeldes y se redistribuyeron las municiones. Inmediatamente
se informó al mando superior la situación y solicitó la posibilidad de
municiones y armas más potentes. Al amanecer del día primero llegó un
pelotón de refuerzo de la columna 12 del comandante Lalo Sardiñas, con
un cañón antitanque, bajo el mando de Rafael Castro.
El día primero, en la mañana,
Botello recibió información de que se acercaba un refuerzo enemigo
procedente de Las Tunas. Una avioneta aterrizó en la pista. Los rebeldes
detuvieron al piloto y lo obligaron a realizar un reconocimiento aéreo.
Desde el aire se observaba una fuerte columna de refuerzo del enemigo
rumbo a Manatí. El mando rebelde preparó una emboscada.
Al amanecer del día 2 se realizó
un ataque certero contra el cuartel. El mando rebelde conminó a los
soldados a la rendición pero no se obtuvieron resultados. Los aviones
enemigos lanzaron sobre el cuartel, en paracaídas, paquetes que
contenían alimentos y abundante parque.
Los soldados, apoyados por la
aviación, comenzaron a intensificar el ametrallamiento, pero esta vez
sobre agrupaciones de personas civiles y casas de familias. Se
escuchaban por doquier las explosiones de algunas bombas lanzadas por la
aviación.
Desde el día primero el pueblo
había salido a las calles para apoyar a los rebeldes. La casa de Xiomara
Agüero Mayo fue blanco desde el cuartel. Ante la evidencia de una
masacre de personas inocentes los rebeldes ordenaron evacuar al pueblo e
improvisaron un refugio en el sótano del almacén del central azucarero.
Ya el día 2, desde las 8 de la
mañana, estaba sobrevolando la aviación: 2 B—26, una avioneta y Sifiury.
Los civiles, con muchas
dificultades, comenzaron a penetrar en el improvisado refugio. La
evacuación presenta inconvenientes. Muchas personas avanzaban por la
calle sin protección.
El enemigo conocía muy bien las
posiciones rebeldes y decidió entrar al pueblo, pero evitando un
combate. El ejército inició un fuerte ametrallamiento aéreo y artillero
sobre el pueblo sin importarle la vida de la población civil. El
bombardeo comenzó simultáneamente sobre varios puntos. El extremo sur
del central ardía intensamente, al igual que la tienda mixta La
Comercial.
En la parte superior de ésta
había un grupo de viviendas, que también fueron destruidas por el fuego.
Un cohete hizo blanco en un poste de la luz, cerca de la casa de José
Galgera. Muchas personas entraron precipitadamente al refugio, pero
fueron observados por los pilotos de los aviones y en esa dirección
dirigieron el ataque principal. Un segundo cohete hizo impacto en la
parte superior del refugio.
El proyectil abrió un boquete. Un
tercer cohete penetró en el refugio e hizo blanco en la masa humana:
mató a nueve personas instantáneas e hirió a otro tanto. Muchos se
desangraron y fallecieron minutos más tardes. Los heridos leves y los
aún no heridos, cubiertos en polvo y humo gritaban aterrados bajo el
efecto de la lipotimia, mientras la aviación continuaba disparando para
proporcionar la entrada del refuerzo. Las explosiones ocasionaron pánico
en la población civil.
Hombres, mujeres y niños
corrieron hacia las plantaciones cañeras. Quedaron en el refugio y fuera
de él los cuerpos sin vida destrozados por la metralla. Los cuerpos
decapitados por la metralla fueron recogidos por los rebeldes que los
cubrieron con sacos de henequén.
Al ciudadano José Galgera, una
esquirla le cortó una pierna y dejándole solo el puño de la media. Otra
esquirla le entró por la escápula derecha, que le ocasionó la muerte
minutos más tarde. Se había desangrado.
A unos metros estaba inerte y
trozada por la parte superior del busto una mujer nombrada María Méndez
Mendoza. Cuando llegaron los rebeldes aún respiraba, pero pronto murió.
En su mano derecha apretaba fuertemente un rosario.
Murieron en el refugio: María la
Jamaicana, Escolástica Masía, Ricardo Peña, Víctor Tamayo, Benito
Ocampo, Nieves Carmenate, Maut Barret, José Galgera y un tan Jicotea,
este último murió en el parque alcanzado por una ráfaga de
ametralladora.
Por detrás del cuartel, entrando
por el cementerio, los soldados burlaron la emboscada rebelde.
En estas condiciones, con un
armamento incompetente y muy pocas municiones, el mando rebelde se
reunió en el hospital. El capitán José Botello planteó que había que
retirar la fuerza para no sacrificar al pueblo. El cuartel recibió
refuerzo en hombres, armas y alimentos.
Tendría que pagar la población
civil un precio muy alto para mantener la ocupación. El capitán ordenó
al teniente Wilquel Aleaga y a otros oficiales organizar la retirada.
Esta se hizo incompleta porque el ejército había tomado algunas
posiciones dentro del pueblo. El teniente Ercilla retiró su pelotón,
mientras que el teniente Vázquez quedó rezagado. En esos momentos,
Botello era uno de los jefes más experimentado en la lucha del llano en
Camagüey.
La tropa rebelde regresó a su
zona de operaciones en el norte agramontino y comenzó una breve etapa de
recuperación.
El comandante Lalo Sardina, jefe
de la columna 14 le pidió ayuda al capitán Víctor Mora. El oficial le
comunicó que la persona de más experiencia en la zona era Pepe Botello y
le ordenó cumplir las misiones de cooperaciones en el Cuarto Frente
Oriental “Simón Bolívar”.
Pepe se trasladó, con
parte de sus hombres, al Cuarto Frente. El día 28 de diciembre del 58
recibió la orden de participar en el ataque del cuartel Jobabo. Ese
mismo día Botello se encaminó, con 70 de sus hombres, a Jobabo, para
coordinar de manera concreta la misión en el ataque. |